DDHH-
grado 9-a
"Quería coger mi dolor y cargarlo sola", Jineth Bedoya,
Colombia
Con todo respeto
hacia esta valiente, mujer que desde hace más de 20 años fue secuestrada por
paramilitares- en cumplimiento de su deber-lo grave que el estado colombiano no reconozca su responsabilidad en los hechos-ni asuma una defensa seria
cuando la victima es una mujer-
El 25 de Mayo de 2000, la periodista
colombiana Jineth Bedoya fue secuestrada a las puertas de la Cárcel Modelo de
Bogotá, adonde había llegado para entrevistar una posible fuente. Tres hombres
la retuvieron por más de 16 horas, la torturaron y la violaron. Los tres serían
posteriormente identificados como integrantes de las Autodefensas Unidas de Colombia
(AUC), el principal grupo paramilitar del país, al que Bedoya estaba
investigando. "Lo más complicado es encontrarte sola,
encontrarte con el cuerpo marcado, como huérfana de todo. Y yo me sentía así
incluso después que entendí que tenía que hacer algo, que tenía que asumir mi
vida, que tenía que seguir. Sólo que yo no quería seguir. Así que mi primera
idea fue la del suicidio. Pero cuando empecé a buscar la forma de irme, me
encontré tan cobarde para irme… Porque decía: 'si me tomo algo puede que no me
muera y quede peor'. Tenía entonces que buscar una fórmula para quedarme. Y la
única respuesta que encontré fue que si me quedaba tenía que seguir haciendo lo
que me daba fuerza y era el periodismo. Para mí era muy difícil salir porque
estaba llena de hematomas. Mis brazos eran impresionantes, eran morados
completamente de los golpes… las manos, el cuerpo… la cara estaba muy golpeada
y sentía mucha vergüenza de que la gente me viera así. Pero el día que ya podía
mostrar la cara -que fue más o menos 15 días después del secuestro, ese día
decidí volver al periódico (El Espectador). Fue una cosa muy emotiva, porque yo
llegué, no podía casi caminar y la redacción era muy grande. El director del
periódico entró conmigo y toda la gente se paró. Eran, no sé, 200 periodistas.
Y empezaron a aplaudir, me hicieron una fila larguísima. No hubo una sola
persona que no me hubiera abrazado ese día. Cuando ocurre todo esto, sin
embargo, nada más hablamos del secuestro. Digamos que el compromiso que hizo el
periódico, por solicitud del director del periódico, por respeto a mi dignidad
y por todo ese tema, es que no habláramos de la violación. Y nunca se tocó el
tema de la violación. Es más, después de que ocurrió todo, mis compañeros no
sabían que me habían violado. Sabían que me habían secuestrado y me habían
golpeado. Hasta que en una entrevista que un canal de televisión le hizo a
Carlos Castaño (el líder de las AUC), meses después de mi secuestro, el propio
Carlos Castaño habló de mi violación. Ese día mis colegas se enteraron. Y fue
durísimo. Yo en dos días no pude ir a trabajar, porque quedó como al
descubierto el tema. Pero yo misma me encargué de silenciarlo, pedí que no se
hablara del tema, que nadie me preguntara, y así fue. En ese momento era muy
fuerte el tema del secuestro en Colombia. Y el 90% de los temas que llegaban
estaban relacionados con secuestro, por lo que empecé a escribir de eso. Y,
durante el primer mes, cada historia terminaba en una crisis de llanto. Yo me
iba para el baño, lloraba mucho, mis compañeras me encontraban allá, me decían
que lo pensara, que lo mejor era que me fuera del país. Yo decía: "No
puedo irme, no puedo irme porque no le hecho nada a nadie, no le debo nada a
nadie". Luego, como a finales de julio, cuando habían pasado más o menos
dos meses (de mi secuestro), se dio una confrontación muy fuerte entre
paramilitares y guerrilla en el norte del país, en la zona del sur de Bolívar,
y yo pedí que me dejaran ir. En el periódico obviamente no querían que yo me
moviera a ningún lado por el tema de la seguridad, pero yo le envié un correo a
Carlos Castaño diciéndole que yo iba a seguir trabajando y que necesitaba que
los paramilitares me dieran garantías para hacer mi trabajo. Él me respondió
que no había ningún problema y me fui para el sur de Bolívar. Yo creo que eso
fue la prueba de fuego, porque fue enfrentarme nuevamente a mis victimarios,
que eran los paramilitares. Yo asumí una posición radical en mi vida y fue que
me alejé completamente de mi familia. Me quedé con mi madre, y ella es el eje
de mi vida, pero me alejé mucho de mi hermana y mis sobrinos por el tema de
seguridad. A mi padre nunca le volví a hablar. Yo quería coger mi dolor y
cargarlo yo sola, no quería ponérselo a alguien más. El primer año tuve ayuda
psicológica, pero llegué a un punto en que sentía que esa ayuda ya no me servía
de nada y la deseché. Mi realidad es muy dolorosa porque en mi caso no hay
justicia. Solamente hasta el año pasado se removió el proceso judicial, gracias
a que hablé. Y por primera vez en 12 años se judicializó a tres de los
implicados, tres paramilitares. El proceso hasta ahora está arrancando y lo que
se ha encontrado hasta ahora es muy doloroso, porque en mi secuestro hay
involucrada gente que yo nunca me imaginé. Y si con lo que yo puedo hacer, con
los contactos que tengo no ha pasado mayor cosa, ¿qué pasa con el resto de
casos? Eso es lo que pasa en Colombia. ¿Si conmigo no ha pasado casi nada, qué
pueden esperar el resto de mujeres?"
Aunque Jineth Bedoya denunció su secuestro y
violación ante las autoridades inmediatamente después de los hechos, durante
más de 11 años la justicia colombiana no hizo mayores progresos. En Mayo de
2011, sin embargo, Bedoya llevó el caso ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, lo que obligó a la Fiscalía General de la República a retomar
las investigaciones. A la fecha, un exparamilitar ya admitió su participación
en el secuestro y otros dos también están siendo procesados por las autoridades.
En septiembre de 2012, la Fiscalía determinó
además que el secuestro, tortura y violación de Bedoya constituían "crímenes de lesa humanidad", por
cuanto los actos de los paramilitares eran parte de una conducta
"sistemática" empleada "como método de guerra con el fin de
acallar la voz de quienes se atrevían a exponer a la opinión pública sus
desafueros y violaciones". Esto significa que los crímenes en contra de la
periodista no prescriben.
Nota. Escribir un
ensayo coherente y sin repetir-donde se evidencien los tres momentos de las competencias
en etica
Interpretar-argumentar
y proponer-
Análisis de
palabras o conceptos desconocidos-
enviar el ensayo a
cecigapandemia@gmail.com
en la próxima video
conferencia los estudiantes hacen un debate sobre lo que escribieron-

25-03-21
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